La inteligencia artificial, la automatización y la robótica están transformando no solo el trabajo, sino también los pilares que sostienen nuestra organización social. Este artículo propone una reflexión crítica sobre cómo estos avances tecnológicos cuestionan el modelo clásico de ciudadanía basado en la productividad humana. ¿Qué ocurre cuando millones de personas dejan de ser necesarias desde un punto de vista económico? Frente a este escenario, debemos replantearnos el Contrato Social que articula nuestras libertades, deberes y derechos colectivos. El objetivo no es frenar el progreso, sino adaptarlo a una sociedad más equitativa, democrática y sostenible. Más que una amenaza, la IA puede ser una oportunidad para redefinir lo que significa ser ciudadano en el siglo XXI.