Los lugares secretos

Los lugares secretos

Edición en ebook para kindle amazon (editada originalmente en papel por Martínez Roca)

 

Sé que resulta sorprendente, pero Los lugares secretos nació un día que andaba paseando por el centro de Madrid y de repente levanté la cabeza y miré hacia arriba por casualidad. No. No es una boutade ni una exageración. Así ocurrió. Deambulaba por la Gran Vía de Madrid y al alzar la mirada me fijé en algún detalle ornamental que me llamó la atención. Lo que no recuerdo es cuál. Pero sí que de ese detalle pasé a otro contiguo y luego a otro y a otro. Me perdí en esa selva de cariátides, elefantes, esfinges, figuras mitológicas que adornan las fachadas y cornisas de esa avenida.

Y recuerdo que ahí, como en un chispazo, me pregunté si toda esa imaginería no podría ser buena excusa para una narración. Ese fue el arranque de la novela.

Comencé a leer, a documentarme, a preguntar. No tardé en convencerme de que sí, de que era factible una novela de ese tipo. Y una vez decidido, como por ensalmo salieron a flote elementos argumentales distintos que habían estado aguardan en el fondo de mi cabeza.

Por ejemplo el episodio de León de Madrid, antiguo rey de Cilicia Armenia, destronado por los sarracenos y a quien el rey Juan II de Castilla hizo señor de la villa de Madrid, con gran disgusto de los vecinos. O ese otro suceso, mucho más olvidado, del Pequeño Diluvio, que consistió en que durante muchos meses estuvo lloviendo sin parar sobre Madrid, al punto de que la villa se anegó, multitud de casas se derrumbaron, murió gran número de gentes y las aguas a punto estuvieron de borrar del mapa a la población entera.

Todo eso y mucho más fue engranándose alrededor del eje principal de la novela, que no tengo intención alguna de desvelar aquí.

Escribir esa novela me permitió explorar un poquito mi ciudad natal. Conocer algo de su arquitectura. Revisitar rincones como los Jardines del Capricho y descubrir otros como la Sacramental de San Justo, el cementerio más antiguo de la ciudad, con sus tumbas ilustres y su estatuaria prodigiosa.

Me sirvió también para cuajar una serie de recursos como escritor de los que ya eché mano en El espejo de Salomón, mi anterior thriller histórico. Una novela con la que por cierto comparte algún personaje, entre ellos la que en aquella es protagonista, Alejandra Espinosa, que en Los lugares secretos es un carácter secundario en la trama.

Fuera de esos personajes comunes, las dos novelas son independientes. No quise ni repetir esquemas. En Los lugares secretos opté por una narración que se desarrolla en nuestra época y en la que se intercalan escenas sueltas, ambientadas en distintos siglos. Gracias a ellas el lector va hilvanando poco a poco la historia previa a lo que está sucediendo en la novela. Para esas escenas usé en ocasiones sucesos reales, como el Pequeño Diluvio antes mencionado. También personajes históricos, como el esperpéntico fray Torrubia, relator de la Santa Inquisición y alucinado perseguidor de masones. O don Francisco de Vargas que fuera consejero de los Reyes Católicos y al que llamaban Vargas el Averiguador. Un verdadero proto-detective que daría mucho juego en una novela de misterios ambientada en el siglo XV.

Ya he dicho que no pienso desvelar una trama en la que el misterio es un elemento clave. Pero sí que puedo tocar un poco los avatares por los que pasó esta obra. Por ejemplo, que en algún disco duro tengo guardada una versión previa, más de misterio con toques de novela negra. La versión que salió de imprenta es más gótica, por así decirlo, y tengo que decir que en eso sale ganando.

Lo que no tuvo esta novela fue suerte comercial. Ninguna. En este caso es fácil identificar las causas de tan poca fortuna. Digamos que fallaron los últimos pasos que ha de recorrer un libro. Tuvo una promoción escasa y además tardía, ya que el grueso de la misma se realizó meses después de que la novela saliera a la venta. También tuvo una colocación que podríamos calificar de «deficiente». Dos factores que suelen ser letales para casi cualquier novela.

El mundo del libro es una suerte de ecosistema muy complicado. Y los libros a la postre son tan frágiles como los osos panda. Cualquier desequilibrio puede ser fatal para su supervivencia. Ocurrió eso y ya está. Luego, por una serie de circunstancias, no tardé en recobrar los derechos de explotación de esta novela. Se cierran puertas, se abren puertas.

Estamos en nuevos tiempos. Así que he podido darle una nueva oportunidad a la novela, esta vez en formato electrónico y de momento solo en kindle para amazon. Y no le está yendo nada mal. Lo dicho. Hablaba antes de los pandas. Pero las novelas, al revés que los osos panda, pueden revivir y disfrutar de más de una oportunidad.