Relatos

Todavía hay quienes en el fondo consideran que el relato es algo así como la segunda división de la literatura. Que los cuentos son a la postre algo así como sparrings con los que deben entrenarse aquellos que quieran acometer luego proyectos de más envergadura. Esto es: novelas.

¿Para qué decir aquí que eso no es así? Ya voces muy autorizadas lo han repetido hasta la saciedad. Tratar de sacar del error a quien quiere permanecer en él es tarea para predicadores religiosos o reformadores sociales. Por mí, que sigan en sus trece.

Novela y relato pertenecen a campos distintos. Pero ojo. En realidad son solo dos casos de todo un abanico de ellos. Ultracortos, cuentos, novelas cortas, novelas, trilogías y demás n-logías, series… cada uno exige recursos y soluciones diferentes. Así que esa dicotomía novela-relato tiene algo de artificioso.

Pero estábamos hablando de relatos. Yo comencé en esto del escribir publicando relatos, allá a comienzos de los 90. Mientras trabajaba en Máscaras de matar primero y luego en El hombre de la plata produje una serie de cuentos, la mayor parte de ellos de género fantástico. Muchos acabaron formando parte de la antología Besos de alacrán y otros relatos. Después, en el 2000, a raíz de que la editorial Valdemar me publicase la segunda de aquellas novelas, me volqué de lleno a ese tipo de narrativa y se podría decir que casi abandoné el relato.

Casi. No fue un abandono voluntario. Pero yo soy de los que se absorben mucho en las historias que narra. En mi caso, si estoy trabajando en una novela –cosa que es siempre-, si me pongo manos a la obra con un relato suele ocurrir que el segundo me saca mentalmente de la primera. Soy incapaz de simultanear. Así que, sin de veras quererlo, dejé con rapidez a los relatos de lado. Eso fue todo.

Algún día supongo que volveré a producir cuentos con asiduidad, claro que sí. Me gustan los relatos. Ahora vuelvo a releer mis viejos cuentos y, aunque los escribiría de otra forma –en algún caso ya los he reescrito, guardando la versión antigua- me siento satisfecho de ellos. Es cuanto puedo decir al respecto.

Muchos están en Besos de alacrán y otros relatos, como he dicho. Y algunos están colgados en red, con permiso de un servidor o de manera pirata. Yo mismo he incluido en mi blog personal Las islas sin nombre algunos de ellos. Es el caso de El libro negro o de Todas las noches. No tienen más que pinchar sobre el título para acceder a ellos, si quieren echar un vistazo a cómo es mi narrativa breve. Si es así, confío en que la disfruten.