Las lanzas rotas

Las lanzas rotas

Edhasa 2006

Valdemar 2002

Las-lanzas-rotasEsta novela es una espinita que tengo clavada. Clavada y por partida doble, porque ni en su edición en Valdemar (2002) ni en la de Edhasa (2006) funcionó como otras novelas. Y sin embargo, es una historia redonda, justo porque es mucho más sencilla, más centrada en el protagonista de lo que es habitual en mí, que reconozco que suelo tener querencia natural por las novelas casi corales.

Fue una narración nacida a partir de una intención primera y bien definida. Y esa intención era la de relatar la cacería de una fiera asesina. A su vez eso nació de una discusión entre amigos a santo de películas de cacerías. Me vi defendiendo la postura de que ese sub-sub-género de aventuras suele cojear en cuanto a qué mueve a la fiera. A que se suele achacar a un motivo casi sobrenatural, cuando no a una deliberación e inteligencias casi humanas por parte del animal.

Tras esa discusión me pregunté a mí mismo si se podría elaborar una de esas historias a partir de otra premisa. Y esa fue la semilla inicial.

¿Por qué una novela histórica? Pues de entrada porque yo había publicado ya El hombre de la plata y lo tenía por tanto más fácil en ese género. Y para seguir porque ambientar algo así en la España actual iba a ser resultar más kitch que un Tarzán postmoderno en la pobre África de nuestros días. Y, por supuesto, porque una novela histórica ofrecía grandes oportunidades para una historia de esa clase.

¿Por qué en la Celtiberia? Porque se me ocurrió que ese mundo de los celtíberos, a medias conocidos, herederos de las viejas tradiciones de la Edad del Bronce español y de las importadas por los pueblos del Hierro, mestizos de antiguos indígenas e indoeuropeos, era un buen escenario para la cacería de una fiera salvaje trocada en monstruo devorador de hombres.

¿Por qué la Celtiberia romana? Porque era necesario para el desarrollo de la historia, como saben los que han leído la novela.

Y de todo eso surgió una historia que, como suele ocurrir en estos casos, no era solo la de la cacería. Esa está, pero es el trasfondo sin que por eso sea una mera excusa. Es el hilo conductor. Se entrelaza con el periplo vital de Sixto, el protagonista. Un personaje a caballo entre dos mundos y dos formas de vida. En realidad, los personajes retratados son todos crepusculares que se mueven por un mundo crepuscular. Hombres y ambiente están entre dos luces, en un marco que es transitorio y que va a dar paso a un mundo nuevo.

Y eso fue lo que a mí como escritor me atrapó. Ya lo he dicho en algún otro lugar de este sitio web. En su día me señalaron que mi tema recurrente es el de la identidad. Es cierto y lo asumo. Y, desde luego, es en esta novela donde más a flor de página está. No fue eso voluntario, surgió de forma natural y no le puse trabas. Es bueno que las ideas fluyan, que la historia madure y cambie. Y en este caso, desde luego que así ocurrió.

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Un comentario en “Las lanzas rotas

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