El hombre de la plata

El hombre de la plata

Edhasa 2009

Valdemar 2000

El-hombre-de-la-plataEl hombre de la plata –lo mismo que Las lanzas rotas– está ahora mismo a la venta en dos versiones diferentes. Una primera en Valdemar y otra posterior en Edhasa, aunque la segunda es bastante más fácil de conseguir. En el caso de El hombre de la plata, la nueva edición supuso una revisión a fondo para su publicación. Cosa que, sin embargo, me llevó a evitar ciertos cambios drásticos.

Como ya indico en el prólogo a esa edición, uno va cambiando como escritor. El paso del tiempo implica ganar en recursos, sí. Pero también que va variando en cuanto a gustos, orientaciones, prioridades. No son ni mejores ni peores, son tan solo otros. En ese sentido, ponerse a reescribir una de tus novelas antiguas es casi como enmendarle la plana a otro escritor. Otro que eras tú mismo hace años. Puede reescribirse, por supuesto. Es legítimo y hasta interesante por la comparación. Pero en este caso opté por abstenerme.

Sí que hice retoques de estilo y, sobre todo, añadí algunas escenas que consideré que le darían más consistencia a la narración. Ese es el principal cambio de la segunda versión respecto a la primera.

La historia narrada, que es lo que importa, es la misma. Una de aventuras que se ambienta en Tartessos, en el siglo VI a. de C., en el sur de España. El nombre de la novela es una alusión al nombre del mítico monarca de ese imperio, Argantonio, que significa justo eso: el hombre de la plata. Es también un juego de palabras relacionado con un objeto clave en la narración, como bien saben los que han leído la novela.

Como estas líneas se dedican no solo a presentar, sino a ofrecer detalles relacionados con las novelas y sus génesis, no me resisto a contar una anécdota. La narración original comenzaba en el capítulo I. En la escena en la que Alongis, de guardia nocturna, se encuentra con un Argantonio que, desvelado, pasea por los pasillos de su fortaleza a la luz de las antorchas, oculto tras su máscara de bronce con forma de cabeza de toro.

Los editores de Valdemar me sugirieron que introdujese una escena previa para abrir la historia. Una de más acción. A su entender, durante las primeras páginas de la novela la acción era lenta, debido a que había que afianzar la narración y el ambiente. Y ese fluir calmo conllevaba el riesgo de enfriar el interés de un porcentaje de lectores.

Era una sugerencia lógica. Acepté. Lo cierto es que quedó a mi juicio bastante mejor.

En general tiendo a escuchar las sugerencias que me hacen. Eso no significa que las incorpore todas, pero sí que las pondero. Aquella fue acertada. Y fue eso, sugerencia y no imposición. Los editores de Valdemar, al menos en mi experiencia, no se inmiscuyen en las novelas y dejan la decisión última al autor. He de decir que lo mismo ocurre con los de Edhasa, siempre a tenor de lo que yo he vivido, que son una cuantas novelas con ellos.

Aclaro todo esto porque en alguna otra editorial no tuve tanta fortuna. Tuve que enseñar un poco de colmillo, vamos. Hay quienes se lanzan con demasiada alegría sobre la obra ajena para hacer reformas como el que chapucea en un piso de segunda mano. Pero vamos, que en eso soy hombre afortunado. Solo he tenido que pasar por algún que otro episodio. Comparado con los sucesos casi de ciencia-ficción que han vivido algunos que yo conozco, puedo darme en tal aspecto con una piedra en los dientes.

En fin. Que ahí está la novela. Los hay que se disculpan por la primera de sus novelas. Yo no. Marca una primera etapa como escritor, eso es todo. Y la verdad, he de confesar que me causa alegría especial cuando alguien me dice o me escribe para comentar que la ha leído y que ha disfrutado con ella.