Bandera negra

A finales de enero de 2017 se hizo público que me habían concedido el premio del Certámen Letras del Mediterráneo, de la diputación provincial de Castellón, en la categoría de novela histórica.

Es un galardón a la trayectoria como escritor en el correspondiente género y lleva aparejado el compromiso de publicar una novela ambientada en Castellón antes del mes de mayo del mismo año. Como es lógico, aunque esto se hizo público en enero del 2017, el fallo había tenido lugar meses antes y se había guardado la discreción al respecto.

Desde luego, Castellón tiene materia de sobra para novelas históricas. Pero no quise adentrarme en narraciones medievales o antiguas. Aproveché la ocasión para zanjar por la vía del escrito una vieja disputa. Porque cierta vez tuve una discusión con alguien que decía que, claro, llevando una novela a Malasia, bien se podían escribir novelas de aventuras y piratas. Yo sostuve en aquella ocasión que es posible hacerlo sin irse al otro lado del mundo. Y aquí se me presentó la ocasión.

Bandera negra parte de un episodio desconocido en una guerra olvidada de manera absurda. La guerra fue la I Carlista, una guerra civil brutal con más de 200.000 muertos y que abrió heridas entre españoles que todavía supuran, aunque se haya olvidado su origen. Y el episodio es la guerra naval entre piratas carlistas y corsarios liberales que se libró en las costas de Castellón y Tarragona. Digo piratas aunque los carlistas se consideraban corsarios e incluso marina de guerra. Y digo corsarios liberales aunque no lo eran de manera legal sino buques armados por las milicias nacionales de lugares como Vinaroz.

Ese es el trasfondo. La historia principal se desarrolla a bordo del Bien Parecida, un buque liberal armado por el capitán Miralles, viejo revolucionario liberal, para combatir a los piratas y a los contrabandistas de armas carlistas. Esa narración la he querido mezclar con otras y eso permite dar mucha más velocidad a la novela, alternando escenas de los diferentes hilos y permitiendo que el propio lector rellene de manera natural los huecos, sin cansarle con las elipsis.

Ha sido un salto en el tiempo respecto a otras novelas históricas mías. También ha sido un giro en mi forma de narrar. Uno para bien, que un premio como este, a la labor de una vida, bien lo vale.

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