Máscaras de matar

Máscaras de Matar.

Ed. Minotauro 2004

Mascaras-de-matar-Leon-ArsenaMáscaras de matar es un libro que siempre tuvo una suerte extraña. Si nos atenemos a la fecha en la que comencé a escribirlo, fue mi primera novela. No lo fue si nos atenemos a qué libro acabé y publiqué primero, ya que ese fue El hombre de la plata.

Pero no es solo esa circunstancia. Tal como apunto en la introducción a esta sección sobre mi obra, Máscaras de matar dio sus primeros pasos en unos folios mecanografiados a la antigua usanza, allá a finales de los años 70. A partir de ese par de capítulos, a través de sucesivos intentos de escribir una novela, todos fallidos, acabé por llegar a una versión terminada en el año 2000. De ahí saldría una segunda y luego una tercera. Y de esta última la del año 2003 que ganaría el I Premio Minotauro de novela fantástica en el 2004.

Pero ya en la versión del 2000 se daba una paradoja. Aunque heredera remota de aquellos folios de casi un cuarto de siglo antes, nada tenía ya que ver con ellos. Se había producido una suerte de evolución narrativa, con extinción total de los primitivos personajes y situaciones.

Con tantos saltos y versiones, no es de extrañar que el resultado final fuese una novela de «aglutinación», si se me permite esta definición ad hoc. Yo había estado más interesado en crear un mundo a los ojos del lector que en desarrollar una historia. Muchas veces me lo han señalado y es cierto. Es más: lo asumo.

En Máscaras de matar están muchos de los elementos –algunos de forma obvia, otros no tanto- que luego han estado también presentes en novelas posteriores. Asumo también que soy uno de esos escritores con un puñado de temas recurrentes. Sobre todo el tema de la identidad. Eso es algo que me señaló una gran amiga, buena lectora y excelente crítica, hace años.

Es cierto que la cuestión de la identidad está en casi todas o todas mis novelas. A veces casi como eje central, cado por ejemplo de Las lanzas rotas. O de Máscaras de matar. Ahí están las máscaras que permiten matizar o cambiar de carácter al portador. Máscaras que liberan y cargan de obligaciones a la vez, inherentes al propio objeto.

No sé ya cuántas veces me habrán preguntado si habrá continuación de esta novela. La respuesta es y será siempre la misma. No. Es cierto que hace tiempo llegué a sopesar tal posibilidad. El escenario da no para otra historia, sino para muchas más. Pero el que no da ya para otra narración ahí ambientada soy yo. Uno evoluciona en gustos e inclinaciones. Han pasado años y libros escritos. Ya no soy el mismo y creo que lo mejor es dar ese capítulo de mi obra por cerrado.

Otra cosa es que muchos de los elementos presentes en Máscaras de matar puedan dar más de sí. ¿Por qué no? Se puede sacar partido, aparte de al escenario, a las ideas y los recursos presentes. Y eso sí que pienso hacerlo.

En realidad ya lo estoy haciendo. Llevo ya unas cuantas miles de palabras escritas de una novela que revisita e incluso canibaliza ideas de Máscaras de matar. Así que tal vez no mañana, pero sí pasado mañana, me vea obligado a cambiar estas líneas de comentario, si es que tal novela llega a hacerse realidad.

Y, cosa curiosa, no será más que una nueva evolución, parte de esa suerte extraña que siempre ha acompañado a esta novela y de la que les hablaba al principio.

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