Rincones de historia española

Rincones de historia española

En colaboración con Fernando Prado.

 

Edaf 2008

MaquetaciŠn 1Escribir este libro resultó de lo más entretenido. Algo que fue posible gracias a la temática del mismo, sumado al formato elegido para la ocasión.

Respecto a la temática, hay que decir que Rincones de historia española se decida de forma exacta a lo que su título anuncia. Trata sobre episodios y personajes históricos que han quedado más o menos olvidados o arrinconados por una u otra razón. Retazos de nuestra historia que han desaparecido de la memoria popular o cuyo recuerdo ha quedado más o menos distorsionado.

En cuanto al formato, optamos por dividir el libro en tres bloques. Queríamos dar así coherencia interna a los contenidos. No convertir al texto en una suerte de almoneda en la que se entremezclasen historias insólitas de nuestra historia. También decidimos narrar cada una de las historias en capítulos de no mucha extensión, entre 2.000 y 3.000 palabras. Rincones de historia española es un ensayo divulgativo. Queríamos presentar sucesos y personas de forma comprensible pero sin entrar en disquisiciones sesudas.

Por eso mismo huimos de la tentación de convertir al libro en un anecdotario. No es que los autores tengamos nada en contra de esa fórmula que consiste en contar hechos históricos insólitos en una docena de líneas. Pero no era esa la intención ni de la editorial ni de los autores.

La génesis de este ensayo tiene algunas correlaciones con la de Una historia de las sociedades secretas. De entrada nació también de una conversación con un editor. Editora en este caso: Esperanza Moreno, de Edaf, que fue quien me animó al proyecto. Y la fórmula empleada para escribir fue la misma que en el otro caso. En esta ocasión hicimos tándem Fernando Prado y un servidor.

Que el libro sea un ensayo divulgativo no significa que no fuese arduo documentarse a menudo. Hubo que expurgar informaciones contradictorias y en alguna ocasión bucear en archivos. También hubo capítulos en los que, a falta de documentación, hubo que recurrir a caminos colaterales. Por ejemplo, para saber qué pasó de verdad con la tumba del explorador Ibarreta acudí a mi buena amiga Ana María di Cesare, que tuvo que indagar en el cementerio de Recoleta, en Buenos Aires. Obligó a ello que los datos que ofrecían distintos documentos y revistas de la época eran contradictorios.

En un caso la historia es inédita y fue elaborada a partir de material original. Se trata de las aventuras del diplomático Carlos Arcos en el pueblo francés de Gueret, donde se vio sorprendido por el desembarco de Normandía. El episodio nunca había sido plasmado hasta el momento en papel. Lo escribimos a partir del mecanoscrito que dejó el propio protagonista y que obra en la actualidad en poder de sus herederos.

En fin, que escribir este libro fue la verdad muy gratificante. Y también instructivo. Mucho. Encontramos material que daría sustancia para cien novelas. Desde luego que yo no descarto emplear parte del mismo para alguna narración del futuro. Tampoco descarto acometer más libros de parecida naturaleza. No siempre puede uno trabajar pasándoselo tan bien.