Ensayo

Una frase lapidaria dice de los ensayos que «para ser de verdad buenos ensayos deben tener más notas a pie de página que cuerpo de texto». Es una afirmación que ilustra en clave de sarcasmo una idea extendida. Porque en España solo se considera como ensayo digno a los tratados sesudos. Es cierto que existe todo un campo de estudios académicos, de tratados, de monografías que exigen años de esfuerzos. Obligan a buscar en archivos, a acudir a las fuentes originales. Para realizarlos exigen conocimientos precisos, paciencia de hormiga y labor como he dicho de años.

Pero además existen ensayos divulgativos dirigidos a un público general, más o menos interesado en un tema concreto. Y eso es lo que –como otros tantos tipos de literatura- ha sido despreciado de forma sistemática en nuestro país durante largo tiempo. Se le consideraba subcultura en el mal sentido del término, banalización del saber.

Seamos justos. Es verdad que, camuflados bajo la etiqueta de ensayo divulgativo podemos encontrar no pocos refritos apestosos. Libracos que se limitan a apropiarse de lo que ya está escrito en otros libros divulgativos. Que lo que hacen es poco más que reescribir los párrafos y en algunos casos ni eso.

Pero, pese a los granujas de ese extremo y los snobs del anterior, existe un campo amplio, fértil, para los ensayos divulgativos. Libros que por fortuna cada vez son más apreciados en nuestro país. En otros lugares, expertos muy respetados en distintas disciplinas no han tenido reparo en bajar a la arena para hablar de las materias que dominan a beneficio de todos. Claro que eso requiere una amenidad a la que no todos son capaces de acceder. Porque otra de las tonterías incomprensibles de España es que hay muchos que equiparan aridez a profundidad de conocimientos.

Tal como cuento en el comentario a Una historia de las sociedades secretas españolas, llegué al ensayo divulgativo de casualidad. Pero la verdad es que es algo que me gusta. Me siento cómodo. Claro que los dos libros de esta clase que he escrito lo hice a cuatro manos con gente que sabía del tema. El ensayo divulgativo exige acudir a fuentes de información fiable y, de vez en cuando, a fuentes originales. Y para eso hay que saber cómo y dónde buscar. También requiere, por cierto, contar las cosas de forma fácil, entretener, cosa que a algunos les parece reñido con el conocer, nunca llegaré a saber por qué.

En todo caso yo no comparto esa opinión absurda. Por eso estoy convencido de que antes o después acabaré embarcándome en más ensayos divulgativos. Y si no, ya verán. Al tiempo.

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